El Sueño de Vivir de Mis Sueños

Cuando era un adolescente no tenía claro que quería ser cuando llegara a mi adultez.  Una segura respuesta a la típica pregunta del que quería ser cuando fuese grande, pareciera haberse quedado en mis años de infancia. Confundido y sin muchas opciones para escoger mi profesión, en ese momento de mi vida, los patrones sociales me decían que solo podría vivir, en el futuro, con cierta estabilidad económica, si me inclinaba por la medicina, el derecho o una ingeniería. Entonces siguiendo la voz de la única persona a la que podía consultar, un tío ingeniero, y teniendo en cuenta que ni la sangre, ni las leyes llamaban mi atención, escogí estudiar para convertirme en un Ingeniero Industrial.

Mi paso por la universidad no fue fácil, especialmente durante mis primeros semestres, entre el cálculo diferencial e integral, la química, la física y la estadística, mi mente, la que estaba, siempre, creando historias e imaginando mas de lo que debía, le resultaba, muy difícil, entender los principios básicos de las fuerzas de Newton, las probabilidades y las ecuaciones diferenciales.  Lo cierto es que logré sobrevivir a lo que en mi carrera se llamaban las materias coladero y pese a mis propios pronósticos, avancé hasta lograr mi título profesional.

Dejando a un lado mis sueños y expectativas de la adolescencia, me fui concentrando en conseguir un trabajo.  Sin experiencia y siendo un joven de provincia, di el gran salto y me mudé a la capital donde meses después, encontré mi primera experiencia laboral.  Prontamente, la vida profesional me fue mostrando que era muy poco lo que sabía y que muchas de las cosas que había aprendido en mi alma mater, no tenía ni la más remota idea del cómo ponerlas en práctica.  De igual forma, entendí que, para mantenerme como un profesional competitivo, el esfuerzo debía ser grande, trabajar muchísimas horas y estudiar una especialización eran dos requisitos más que fundamentales.

La vida fue generosa conmigo, alcancé cierto nivel de reconocimiento profesional y un trabajo que muchos desearían, pero lo cierto es que, eran muy pocas las horas que me quedaban al final del día para disfrutar los frutos de mis largas jornadas laborales.  Nunca me detuve a pensar si lo que hacía me traía felicidad y entre el estrés y el miedo a perder mi trabajo, no creía que, algún día, seria capaz de dedicarme a algo diferente.  Poco después, cansado, algo enfermo, desanimado y agobiado, perdí mi empleo y con este, la anhelada estabilidad económica que había anhelado en mi adolescencia.

Como si un manto de nubes densas y oscuras se hubiesen posado sobre mi cabeza, cada día tenia el mismo color gris deprimente.  Pasaba horas aplicando a trabajos de los que mi mente me decía que era el candidato perfecto, pero de los cuales, nunca recibí ni una llamada o un correo electrónico.  La angustia iba creciendo proporcionalmente a la reducción de mis ahorros y cuando la poca luz de esperanza en mi corazón parecía que se apagaba, llegó la idea de escribir un libro. Como si fuese el antídoto al veneno que me intoxicaba, empecé a escribir.  En un comienzo, sin un sentido claro, sin una idea específica, solo dejada que las ideas fuesen fluyendo, pensaba menos en mi desempleo y como una respuesta a mis oraciones, nuevamente fui empleado.

Como pasa con todo lo novedoso en nuestras vidas, emocionado empecé a trabajar, tenia que aprovechar esa nueva oportunidad y dejé de escribir . Al poco tiempo, me sentí incomodo, algo me faltaba, anhelaba sentarme frente al computador y dejar que mi mente volara con cada frase que escribía.  Confieso, que llegó un momento muy difícil en el que me recriminaba a mi mismo el hecho de no sentirme alegre en mi nuevo empleo después de haber sufrido la amargura del no tener trabajo.  Experimenté un profundo sentido de culpa, no quería trabajar más en lo que siempre había hecho, quería ser un escritor.  Deseaba hacer algo que me permitiera ser feliz y luego de una larga confrontación personal, decidí que escribiría y lo hice entusiasmado; sin embargo, al poco tiempo entendí, que quizá pasaría mucho tiempo antes de poder vivir del producto de mis libros.

Tarde meses en encontrar algo que me permitirá ganar dinero, que me gustase, que pudiese aplicar mis conocimiento y experiencia, y que me dejará tiempo para escribir.  Aunque a veces, le tengo que dedicar más tiempo a mi trabajo que a mi pasión, lo cierto es que aun mis anhelos se mantienen vivos en mi ser, y que sin que me lo pueda explicar, cuando dejo muchos días sin escribir, es como si se disminuyese el efecto sanador de ese medicamento que me ha devuelto la vida.  A veces pienso en que hubiese pasado si cuando fui un adolescente alguien me hubiese sugerido hacer o dedicarme a algo que me llenara, que me permitiera sentirme vivo, alegre o que me apasionara. Quizá no tendría las dudas en cuanto al futuro porque este ya seria parte del pasado.  Como lo escribí, en ocasiones, mi mente imagina mas de lo que debe, pero lo cierto es que mi corazón, dejando muchos sentimientos del pasado donde pertenecen, cuando lee lo que es capaz de escribir se alegra y no desiste de soñar que, algún día, vivirá de sus sueños.

Y como siempre, gracias por leerme.

6 comentarios sobre “El Sueño de Vivir de Mis Sueños

  1. Jhonsito siempre supe q eras un ser muy especial, diferente a los demás, con mucha imaginación, e inteligencia… me alegra mucho q estés en el camino correcto a tu felicidad ….un abrazo 🤗

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  2. Que manera de escribir Tienes Primo, es un don y que facilidad tienes para expresar tus emociones y sentimientos, síguelo haciendo y sigue adelante.

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