Y Tú, ¿Ya Encontraste el Trabajo Perfecto?

estres laboral. Cómo encontrar el trabajo perfecto. Estrés en el trabajo

Hace algunos días atrás, me reencontré con un amigo a quien no veía desde que él logró uno de esos propósitos por los que él había esperado por un largo periodo de tiempo, el encontrar el trabajo perfecto para él. Me sorprendió el verlo ansioso y con movimientos acelerados, creo que realmente, él no disfrutó ni la charla, ni el par de cervezas que compartimos, y es que luego de planearlo en muchas ocasiones, finalmente, logramos coincidir en espacio y tiempo.

Mi amigo y yo trabajábamos en la misma compañía, y para ese momento, los dos coincidíamos en que ese era el trabajo que más nos convenía, ambos estábamos en la universidad y de una y otra forma se nos facilitaban las cosas para que pudiéramos atender nuestros compromisos universitarios y ganar dinero.  Sin embargo, después de graduarnos, mi amigo se empezó a sentir estancado, desilusionado y desmotivado.

Durante nuestro tiempo laboral, yo le veía triste, tanto que él llegó a expresar que se sentía deprimido, él deseaba un trabajado con mayores responsabilidades, más reputación profesional, y sobre todo, más salario. Al final, él lo logró y lo consiguió, así que, nos despedimos e hicimos la misma promesa ilusoria que se hacen todos los amigos que se distancian por cualquier motivo en la vida “Estaremos en contacto y nos veremos pronto”. Pero, como sucede en la vida real, llevábamos mucho tiempo sin vernos.

Lo cierto es que luego de varios meses, encontré a mi amigo con una expresión agotada en su rostro, y algo descompuesto. Él tomó su primera cerveza casi de un solo sorbo y la segunda escasamente la saboreó, y aunque en un comienzo, su conversación fue parca y reservada, al final me contó lo estresado que le tenían la carga laboral, las responsabilidades asumidas, y las largas jornadas de trabajo.

Cada palabra que él me decía me llevaba al pasado y como si estuviera viviendo un Déjà vu, me vi a mí mismo en uno de mis trabajados del pasado, en donde luego de mucho esfuerzo y espera, había logrado ser nombrado como uno de los directivos de aquella empresa  Con muchos sueños y esperanzas de seguir avanzando en mi carrera profesional, firmé mi nuevo contrato de laboral y con el dinero extra que me ganaría hice miles de planes en mi cabeza.  Sin embargo, con el pasar del tiempo y las múltiples ocupaciones, la mayoría de esos planes se quedaron en lo que fueron, tan solo sueños.

Debió pasar más de dos años para entender que el tener un trabajo con mejor remuneración económica y de cierto nivel de toma de decisiones, no siempre está realmente ligado a la felicidad.  Adquirí un mejor vehículo, el cual limitadamente utilizaba para ir y regresar de la oficina. Vestía ropas más costosa y hasta un televisor más grande pronto arribó a casa; sin embargo, la realidad de las cosas es que no tenía el tiempo suficiente de disfrutar lo que el dinero estaba comprando. Mis jornadas de trabajo, la cuales iniciaban muy temprano, no tenían hora certera de finalización, y yo creyendo que podría darle un balance a mi vida, con el propósito de salir más temprano de la oficina, cometí un gran error, empecé a llevar el trabajo a casa. Y como aquel que se miente a sí mismo descorazonadamente, pretendía disfrutar de mi nuevo televisor con el portátil abierto, respondiendo correos electrónicos hasta altas horas de la noche.

Mi salud pronto se deterioró, principalmente, mi alimentación y dieta eran tan malas que mi estomago no lo soporto más.  Recuerdo que mi almuerzo se perdía entre correos y llamadas que yo creía debía responder, y cuando podía tomar mi alimento del medio día, lo hacía sentado en frente de la pantalla del computador.  Me decía a mí mismo que debía demostrar que era altamente productivo, rápido en la gestión y que todo ese esfuerzo se vería reflejado en un nuevo ascenso prontamente.  Tristemente, la realidad fue otra, empecé a sufrir de gastritis y de reflujo gástrico avanzado, el cual estaba acompañado con un dolor en mi pecho, y las constantes ganas de vomitar me hacían dormir casi sentado.  Y para complementar lo anterior, gané mucho peso, ya que la única actividad física que hacía era la de cargar mi portátil a todas partes.

Lo cierto es que mi cuerpo no soportó más el estrés y empecé a pasar muchos días enfermo en casa, y en ocasiones, aun enfermo seguía respondiendo emails y enviando información, pero mi estomago de nuevo, me hizo el reclamo y debí parar.  Una larga incapacidad me mostró la realidad de mi vida, y entendí que en el trabajo más importante que cualquier ser humano debe tener, el trabajo de ser feliz y vivir una vida digna rodeado por quienes realmente le aman, pronto sería despedido.

Al regresar de mi larga estadía en casa, encontré que la empresa por la que tanto me había esforzado seguía funcionando, aun con mi ausencia, y que muchas de mis tareas fueron divididas, en pocas palabras, yo simplemente no hice falta.  Eso sí, y al final, al único que le había hecho falta era a mi mismo y a mi familia.

Nuevamente, gracias por leerme.

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