Cuando La Humanidad Regreso A Las Cavernas

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¿Qué Tanto Cambiara El Mundo Después De Esta Nueva Era Cavernícola?

De acuerdo con científicos, hace aproximadamente diez mil años atrás, durante la época de la prehistoria conocida como el Paleolítico, y gracias a que las duras condiciones ambientales presentadas durante la última gran era de hielo, se iban haciendo menos extremas, la humanidad dejo de vivir en las cavernas.  Lo anterior, dio paso a uno de los procesos más importantes para nuestro desarrollo como especie humana, se evidenciaron los primeros asentamientos comunitarios, que posteriormente, dieron origen al sedentarismo y a la formación de pequeñas aldeas, las cuales, se transformaron en lo que hoy conocemos como nuestras ciudades. No obstante, parecería increíble pensar que después de miles de años de historia y evolución, volveríamos a vivir aquellas épocas, en donde, pequeños grupos de personas debían refugiarse y enclaustrarse en sus grutas con el único y básico propósito de sobrevivir.

Como humanidad logramos cosas increíbles, tanto, que algunas de estas eran impensables tan solo algunos años atrás. Creamos herramientas más fuertes que nuestras manos, construimos casas cada vez más cerca de los cielos, la rueda nos permitió dejar de caminar para ir  de un lugar a otro, encontramos en la imprenta una excelente herramienta para masificar la información, dejamos de vivir noches oscuras gracias a la electricidad, la máquina de vapor nos permitió  llegar más rápido a nuestros destinos, a través de un artefacto pudimos escuchar la voz de alguien ubicado a miles de kilómetros de distancia, logramos ver a nuestros congéneres, en tiempo real, a través de una pantalla incrustada en una pequeña caja de madera, navegamos los mares sobre su superficie y bajo sus profundas y oscuras aguas, pisamos la superficie lunar, volamos a la misma velocidad del sonido, integramos al planeta en una sola red y para muchos el mundo se comprimió en la pantalla de un teléfono celular.

Sin embargo, todos aquellos logros significaron un gran sacrificio, quizá no para nosotros como humanidad, pero si para nuestro hogar, para nuestro planeta.  Talamos bosques porque necesitábamos la madera y la tierra para expandir los cultivos agrícolas, desvanecimos montañas que guardan bajo su suelo preciados minerales, contaminamos ríos y lagos con nuestros desechos humanos e industriales, llenamos los mares de plásticos y latas de cerveza, secamos torrentes de agua convirtiéndolos en los receptores de nuestra basura, nos acostumbramos al toxico pero relajante olor del dióxido de carbono e hicimos desaparecer cientos de animales gracias a la falsa creencia de propiedades medicinales que se escondían en sus cuerpos.

Hace miles de años estuvimos tratando de sobrevivir escondidos en las cavernas, pero cuando logramos salir de ellas, a pesar de ser la especie viva más inteligente sobre la faz de este planeta, olvidamos que nosotros tan solo somos una pequeña parte de un ecosistema que debe permanecer en perfecto equilibrio.  Entonces, la supervivencia dejo de ser lo esencial y creímos que lo más importante era la acumulación de la riqueza.  Creamos, produjimos, transformamos e hicimos todo lo posible por producir más y más, creyendo que el dinero era el único indicador de bienestar para nuestra raza humana.

A pesar de la quimera capitalista, el raciocinio aún seguía presente en algunos de nosotros, científicos y académicos, quienes fueron ignorados y callados por décadas, nos advirtieron que debíamos parar y tener un respiro.  Nos indicaron que los estilos de vida y alimentación que hemos desarrollado no eran más que una bomba de tiempo, cuyo momento de detonación ya se encontraba en conteo regresivo. Sin embargo, nuestros líderes y dueños de los grandes capitales respondieron con sonrisas incrédulas, mientras que relajábamos nuestras preocupaciones sobre aquellas premoniciones científicas en el relajante encanto de las redes sociales.  Pese a que el temor se esparcía, confiamos en las firmes y seguras respuestas de nuestros gobernantes, las cuales, estuvieron adornadas con la retumbante, pero falsa premisa de vivir en países ricos y poderosos, capaces de enfrentar cualquier situación ya el fortalecimiento de la economía era lo único necesario para hacer a una nación grande.

Desafortunadamente, para todos nosotros, una fuerza superior a los indicadores bursátiles nos demostró que si era posible parar. Que la producción industrial se debía detener porque no había quien pudiera ir a trabajar a las fábricas, el precio del petróleo se desplomo porque nadie podía conducir su automóvil, los mares y las playas descansaron de los ríos de turistas que los invaden cada año, animales volvieron a deambular por los caminos que antes eran ocupados por los humanos, los cielos sobre las urbes industriales volvieron a ser azules, nuestros héroes dejaron de ser los Avengers para destacar la labor de todos aquellos que trabajan en los hospitales, entendimos que a pesar de tener dinero y poder estos no nos hace inmunes y volvimos a las cavernas porque, al final, esa era la mejor opción para asegurar nuestra supervivencia.

¿Qué tanto cambiara el mundo después de esta nueva era cavernícola?  La repuesta es muy difícil de predecir, seguramente ese mundo globalizado en el que vivíamos no volverá ser el mismo, y si lo hace, quizá tarde mucho en volver a ser lo que era.  Muchos de nosotros estamos estresados porque nuestras formas de vida se han visto interrumpidas, otro tanto, angustiados por la falta de trabajo y dinero, otros están aburridos ya que no tienen nada que mostrar en las redes sociales; sin embargo, y pesar de la irresponsable actitud de aquellos que testarudamente, siguen pensando que toda esta situación no es con ellos, lo fundamental es tener fe y creer firmemente en que veremos la luz al final de este túnel y que cuando volvamos a salir de nuestras cavernas, recordemos y no olvidemos que no somos los amos de nuestro planeta, y que al final, sin salud todo lo demás pierde su valor.