La migración, un largo viaje entre la ilusión y la frustración.

Como lo hago cada año, trato de ver todas aquellas películas que suenan entre las favoritas de los expertos para hacerse con alguno de los muchos premios que reconocen lo mejor del séptimo arte. De las pocas que he podido observar hasta ahora, quizás, ha sido Minari, la historia de una familia Sur Coreana que migra a los Estados Unidos, la que, personalmente, más me ha conmovido. Puede ser que me sienta identificado, de alguna forma, con la historia de esos migrantes que dejan atrás todo lo que tienen con el único objetivo de encontrar un mejor futuro.

Ya hace más hace seis años, tomé la decisión de dejar mi país, despedirme de mi familia y amigos de toda una vida, vender lo poco o mucho que poseía y poner en dos maletas que no podían pesar más de veinticinco kilos, mi mejor ropa y cientos de ilusiones de hallar un mejor mañana en una tierra extranjera. Con el corazón acongojado, los ojos llorosos, los nervios carcomiendo mi estómago y la incertidumbre de encontrarme con un mundo desconocido para mí, me embarqué en un avión por más de treinta y cinco horas hasta llegar al país que me ofrecería lo que en mi tierra natal no estaba encontrando.

En mi caso personal, y aunque mi decisión de emigrar no fue una situación forzada por asuntos políticos, religiosos, conflictos armados o porque mi vida corriera peligro como es el caso de muchas personas que he tenido la oportunidad de conocer y que han sido obligadas a realizar este largo y pasional viaje sin otra opción diferente a la de saber que quizás, sus pies, nunca más, podrán volver a pisar la tierra que los vio nacer.  Lo cierto es que en cualquier de los casos el proceso de adaptación a una nueva cultura y, en ocasiones, el aprendizaje de un idioma diferente, pueden llegar a tener más subidas y bajadas que el circuito de la más extrema montaña rusa.

Recuerdo muy bien que la ilusión de venir a un país de los conocidos como los de primer mundo, era tan grande que no paraba de soñar con los éxitos y logros que alcanzaría en cuestión de días.  Tan firme era mi confianza que, como le ha sucedido a muchos, cuando empaque mi maleta, organice, con mucho cuidado, mi vestidos de paño, mis corbatas y mis más elegantes camisas, venía listo a agitar el mercado laboral de este país, donde las empresas, ofreciéndome los mas atractivos paquetes salariales, pelearían a muerte por un profesional con mis experiencia y conocimientos.  Para ser honesto, casi toda esa ropa fue a parar a las canastas de recolección dispuestas por una organización de caridad, las corbatas ya se veían pasadas de moda, en los pantalones ya cabíamos dos y a las chaquetas  fue imposible borrarles la marca que les dejo el borde del cancho en las que estuvieron colgadas por años.

Entonces los sueños se empezaron a desvanecer cuando comprendí que no era apto para muchos de los trabajos ofertados, ya porque no tenía la experiencia o la certificación requerida en este país o, simplemente, porque no entendía la terminología descrita en la oferta laboral.  Así mismo, mi estado eufórico fue mermando aún más al darme cuenta de lo supremamente difícil que sería el tratar de mantener una conversación fluida con un nativo.  Nunca imaginé que el aprender una lengua extranjera sería un proceso tan agotador y demorado, que necesitaría de miles de horas de estudio y practica antes de sentirme lo suficientemente seguro de entender lo que escuchaba y responder lo que debía.

Fue así como los sueños se fueron desvaneciendo y la frustración en mi mente y corazón florecía como lo hacen los tulipanes en la primavera, me recriminaba el haber dejado todo lo que tenia en mi país, especialmente mi estatus laboral, el cual cambié por hacer cuanto trabajo me diera la oportunidad de ganar el dinero que tanto necesitaba.  Lo paradójico resultaba cuando comparaba el pago que recibía por ser un ayudante de cocina, por algunas horas, y el salario mensual que como profesional devengaba en mi natal país.  Entonces, me preguntaba si en realidad quería regresar a ganar menos dinero por más horas de trabajo y mucho más estrés.  La respuesta era clara para mí, aunque sé que muchos no logran adaptarse a trabajos no tan cualificados y regresan a sus países de origen, siempre, decidí quedarme. Así que, por un buen tiempo, aprendí a convivir con la frustración y deje pasar los meses sin darme cuenta que, cada vez, me adaptaba más a este nueva cultura y a esta nueva lengua.

Al ver la película y observar el cómo los personajes oscilaban entre esas ansias locas de lograr un cambio real que les permita mejorar sus condiciones como migrantes y el tener claro que su última opción era la de regresar a su país de origen.  Recordaba que este proceso de adaptación en un país diferente es muy duro, emocionalmente desgastador, físicamente exigente y mentalmente solitario, pero que con el tiempo, va mostrando la otra cara de la moneda, va permitiendo lograr esos sueños si se trabaja con insistencia y dedicación y que para bien o para mal, va creando una brecha, cada vez, más profunda entre el pasado y el presente que pareciese que mi vida se hubiese dividido en dos desde aquel mismo momento en que tome ese avión y decidí convertirme en un inmigrante.

Photo from A24 website.

6 comentarios sobre “La migración, un largo viaje entre la ilusión y la frustración.

  1. Amigo, que bella y honesta reflexión! La misma confrontación vivenciamos los que no nos animamos a partir… los que nos quedamos buscando ser felices en nuestro país que se carcome entre corrupcion y miseria de quienes nos dirigen y las propuestas fracasadas de otros que no ofrecen sino solo más pobreza… quedarse también es un reto una aventura!

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  2. Querido amigo, me encantó. Excelente artículo, me identifique con cada línea, reviviste en mi mente esos recuerdos y emociones de mi experiencia en Australia. Cuan difícil y cuántas lágrimas…pero también cuántos bellos recuerdos y gente maravilla, como tú, dejó está experiencia en mi camino. Lastimosamente, no tuve la fortaleza y abandoné el barco. Pero sin dudarlo, mil veces volvería a vivirlo. Gracias por compartir tu experiencia. Un abrazo inmenso, sabes que te llevo en mi corazón. Siempre cuento cómo al otro lado del mundo, haciendo una recarga de celular conocí a dos seres maravillosos.. Dios los bendiga siempre y que está decisión, continúe por el camino del éxito.

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  3. Siempre orgullosa de ti ♥️eres un gran ejemplo a seguir para mi y para muchos, te mereces grandes bendiciones y recompensas en tu vida, te amo mucho.

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