La Rebelión de los Ñeros

Ilusamente, pensaba que una sociedad jerarquizada de forma piramidal era un registro histórico de la época de la colonia. En ese momento, los estratos sociales estaban, claramente, diferenciados por la etnia y la descendencia, siendo los más acomodados, aquellos que eran considerados puros o que provenían directamente de la madre patria. Irónicamente, a pesar de más de doscientos años de independencia republicana, el inconformismo colectivo que pareciese encontró su nuevo florero de Llorente en la propuesta de una nueva reforma tributaria, nos ha dejado claro que, como en nuestra era colonial, aún existe una marcada diferencia entre aquellos, considerados, privilegiados y otros que no han contado con la misma fortuna social y económica.

Las reacciones en contra a la reforma me recordaron la historia ficticia recreada por el autor colombiano, Fernando Soto Aparicio en su obra “La rebelión de la Ratas”.  Y como si fuese una premonición de nuestra actualidad, la calle que separa a los afortunados y a los descontentos por sus malas condiciones de vida, en el libro, pareciese haber extendido su trayectoria en las redes sociales que ya estaban bien dividas entre los que se identifican como seguidores de ideologías de izquierda o de derecha.  Algunos usuarios abandonaron, por un momento, el trillado discurso político de convertir a Colombia en un estado socialista, para darle paso a la nueva estratificación de la sociedad colombiana, agrupando a sus ciudadanos en, básicamente, dos nuevas clases de colombianos.  Aquellos que rechazan las protestas y, los otros, quienes han decidido salir a las calles y marchar en contra de la tan mal recibida propuesta estatal. 

Aunque era claro que muchos de los detractores de las movilizaciones se autodenominaron como la gente de bien, la clase trabajadora y los que hacen patria. Tenía en duda que denominación se emplearía para identificar a aquellos que estaban abarrotando las calles con carteles, elevando sus voces en contra de la reforma económica que, a claras luces, va en contra de las finanzas de cada ciudadano.  Sin embargo, y me imagino que, gracias a un innovador sistema de educación, estudiantes de una de las universidades mas prominentes y exclusivas del país, identificaron a los pertenecientes de la otra Colombia, esa que protesta, como a la mitad de una nación compuesta por ñeros.

Sin tener claro que significa tan sonora palabra, me di a la tarea de buscar su significado y, aunque, no existe en el diccionario de la real academia de la lengua española, gracias a la buena cantidad de diccionarios urbanos que encontré en Google, descubrí que se emplea para identificar a personas que viven en la calle o que no tienen un buen nivel de educación. Inmediatamente, comprendí el sentido literal dado por aquellos, quienes gracias a sus privilegios reciben una de las mejores educaciones del país, y es que considerando que, cada vez, son menos quienes pueden recibir educación superior, es totalmente entendible el por qué el número de ñeros o no educados, va, durante los últimos años, en aumento progresivo.

identificándome como uno de tantos ñeros, esos que no hacemos patria y que no gustamos de tan amañada propuesta, y queriendo sustentar mi posición, decidí investigar por qué hay tanto joven protestando.  Entre muchas cosas, a muchos les preocupa que el indicador de pobreza que mide el cubrimiento de las necesidades básicas como son: alimentación, alojamiento, transporte y servicios públicos, está próximo a llegar al 50% del total de la población. Así mismo, una tasa de desempleo general que va en aumento, pero que, aun así, es más baja que el desalentador indicador de empleabilidad en los jóvenes colombianos (14 a 28 años). Y, sin traer a colación otros tantos malos indicadores, la cada vez más difícil oportunidad de conseguir un contrato de trabajo estable.

Sin embargo, igualmente, encontré que para la sociedad a la que pertenece la gente de bien, las cifras tampoco son tan alentadoras, ya que un profesional recién graduado puede sentirse bien pago si su sueldo alcanza el millón quinientos mil pesos al mes. Sin querer sonar despectivo, me pregunto si valdrá la pena hacer ese gran esfuerzo económico, mental y emocional que significa el pasar por una universidad, si después de cinco años de estudios, los ingresos estarán por encima del actual salario mínimo en, tan solo, seiscientos mil pesos al mes.  Ahora, considerando que el costo de un semestre en una reconocida universidad puede estar alrededor de los ocho millones de pesos, se podría decir que un recién egresado necesitaría trabajar, aproximadamente, cuatro años y medio para recuperar la inversión de sus estudios. 

Las anteriores cifras y otros desalentadores reportes, lo que dejan ver es que las posibilidades de tener un futuro de calidad, con garantías laborales, ingresos per cápita decentes y un alentador futuro económico, son cada vez menores.  No hace falta ser un experto en macroeconomía para entender que el futuro no es para nada alentador y que, si la riqueza individual y/o colectiva disminuyen, se perderán las oportunidades de mercado, habrán menos empleos y aumentará la pobreza. Si nuestro gobierno no crea políticas económicas que permitan la recuperación financiera de la sociedad, entonces, cada día, seremos más los ñeros, lo que, inevitablemente, hará que la gente de bien se convierta en una especie más en vía de extinción.

Finalmente, y con mucha tristeza, es muy desalentador observar las duras escenas donde algunos colombianos atacan a sus compatriotas y destruyen el patrimonio y trabajo por el que muchos han luchado todas sus vidas.  La protesta a una propuesta económica que afectaría las finanzas de la sociedad a transmutado, en algunos lugares, convirtiéndose en un tsunami violento que deja destrucción y pérdidas humanas.  Estamos en un punto crítico de nuestra historia nacional, sin importar si somos policías, militares, civiles, pobres, ricos, izquierdistas, derechistas, gente de bien o ñeros, lo cierto es que nuestra situación es la acumulación de muchos años de malas administraciones públicas y una consecuente y descarada corrupción que nos va arrebatando las posibilidades de un futuro mejor.

Photo by http://www.bbc.com

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