El Vacío del Éxito

Quizá como nos pasa a muchos, al ver los reportajes de deportistas como Cristino Ronaldo o Neymar que, más que ser considerados jugadores de elite, son llamados celebridades del deporte.  Fácilmente, me obnubilo con el ultimo avión privado que adquirieron o la isla privada en la que pasaron sus últimas vacaciones, y a pesar de que ya a mi edad ya no podría iniciar una carrera deportiva, con algo de alucinación, imagino como seria mi vida si hubiese sido Leonel Messi.  Lo cierto es que, al ver sus logros y fortunas, y pensando como lo haría un adolescente, me pregunto, quien no desearía soltar los libros, dejar la escuela, correr detrás de un balón o dar un smash con la raqueta, y facturar millones.

Digamos que, si hubiese podido ser un deportista profesional, el ser jugador de tenis hubiera sido mi elección, aunque, francamente, nunca tuve ni el lugar para practicarlo, ni las raquetas, ni el entrenador y, mucho menos, el dinero requerido para participar en los numerosos torneos que le permiten, a un principiante, el hacerse notar entra tanta competencia. Entonces, siendo fiel a mi realidad, me debo conformar con seguir los torneos por internet y ver, cuando puedo, alguno que otro partido. No obstante, desde el ultimo abierto francés, el Roland Garros, me he preguntado si, realmente, aquellas figuras, en ocasiones, idealizadas por muchos de nosotros, disfrutan del dinero, los logros y la fama que rodean sus vidas.

Concretamente y queriendo ir al primer suceso que inspiró este artículo, considero que resultó un tanto subestimada la discusión que se suscitó por la negación de Naomi Osaka, una de mis jugadoras preferidas, de ofrecer conferencias de prensa al finalizar cada partido.  Ella expresaba encontrarse pasando por un mal momento emocional y el hecho de lidiar con toda esa presión mediática no le hacía bien a su salud mental.  Sin que el caso recibiera la relevancia necesaria y sin el apoyo de los organizadores y de algunos de sus colegas, ella se retiró del torneo y fue multada por negarse a hablar con los medios de comunicación.  Sorpresivamente, días más tarde, las lágrimas que derramó, en pleno partido, Serena Willians después de lesionarse, situación que la obligó a abandonar el torneo de Wimbledon, fue una clara muestra de que algo está sucediendo con esas estrellas que seguimos y que deseamos, tan solo, ver ganar.

Aunque los dos hechos anteriores parecían ser, simplemente, situaciones personales de Osaka y Willians, el mundo entero, semanas más tarde, quedó boquiabierto cuando la gimnasta norteamericana Simone Biles, en plena competencia olímpica, decidió abandonar las justas y dejar a su equipo sin la opción de ganar la tan apreciada medalla de oro.  Quien fuera considerada como la segura ganadora de seis medallas de oro en los pasados juegos olímpicos de Tokio, no resistió más la presión y dio un paso al lado.  Expresando que para ella era mas importante su salud mental que la competencia, dividió a su país entre quienes la apoyaron y quienes la consideraron como la una terrible perdedora.

Lo cierto es que esta sociedad mediática, en la que vivimos, nos acostumbró a, tan solo, ver el logro, la ropa, la moda, los vehículos y todo aquello que sea sinónimo del éxito actual, omitiendo la verdad y la historia que se puede esconder detrás de quienes han logrado algún tipo de reconocimiento. Adicional al hecho de que aún se respira en el ambiente esa imperecedera ilusión, como en el caso de Naomi Osaka, quien, en su documental, confiesa que pensó que ser exitosa le traería la alegría plena y la reconectaría con el placer de jugar tenis, creemos que el éxito es el camino seguro a la felicidad y que el dinero va a ser la base de una vida plena y saludable. Entonces, hemos dejado de observar con objetividad que, en muchas ocasiones, esa quimera e inagotable búsqueda del triunfo puede traer, consigo misma, más sacrificios que dichas, más tristezas que alegrías, y más soledad que compañía.

Finalmente, y compartiendo las palabras que dijo Novak Djokovic en la rueda de prensa al ganar su último gran torneo de tenis: “Siempre hay un nuevo récord que romper, otra competencia que ganar, al final, hoy en día, nada es suficiente”.  Pareciera que entonces esa enloquecida y obsesiva búsqueda del éxito puede que este destruyendo emocionalmente a quienes deciden renuncian a vivir una vida normal por alcanzar la, tan anhelada, estrella del triunfo. Lo cierto es que por ahora lo único que podemos hacer es esperar que la sociedad cambie los parámetros con los que determina quien es atractivo, exitoso y un ejemplo a seguir. Deberemos aguardar hasta que sea reconocido que muchos de los actuales estándares de victoria están generando profundos sentimientos de frustración entre los llamados triunfadores y en aquellos que, por su fisonomía, falta de dinero, no vestir ropas de marca, y el no realizar suntuosos viajes, no pueden semejar el estilo de vida de quienes viven rodeados por la diosa fortuna.  Quizás necesitemos insistir, con perseverancia, que la salud mental no es una tendencia mediática o el nombre dado por algún de los tantos que se hacen llamar motivadores emocionales, si no una parte importante en el bienestar y desarrollo de cada ser humano.

Como siempre, gracias por leerme.

Photo by https://www.tennisworldusa.org

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