Una plegaria por Venezuela

la situacion de Venezuela

Hace veinte años, cuando ya era un joven adulto con entendimiento suficiente de todo lo que ocurría a mí alrededor, con sorpresa para mí, y como lo fue también para muchos, observa admirado que un hombre, un militar sin retumbantes abolengos familiares, un candidato sin el apoyo de los partidos políticos tradicionales, pero quien con su voz potente y clara, repetía una y otra vez, su discurso elocuente en el que prometía trabajar en favor de aquellos que sufrían del abandono y el olvido de las oligarquías políticas de siempre, aquel hombre llamado Hugo Chávez Frías, era electo presidente de Venezuela.

Para nuestros países latinoamericanos marcados por la misma historia política, familias con grandes poderes que, acumulando riquezas, han heredado el poder de los estados de generación en generación, la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, no podría ser resaltada sino como una gran esperanza. Debo ser honesto y aceptar la admiración que en mí generó el masivo respaldo que el pueblo le había dado a Chávez, y quizás animado, pensaba que por fin una de nuestras naciones había despertado de ese triste, pero eterno letargo de conformismo social al que nos hemos acostumbrado, porque aunque parezca mentira, los seres humanos terminamos acostumbrándonos a todo, incluso al hambre y a la pobreza.

El tiempo pasó, y hoy, dos décadas después, no hace falta mencionar lo que todos conocemos muy bien, el legado y el resultado de aquella gran oportunidad política que la vida nos dio, tan sólo representó un cambio de vertiente política y de actores, ya que al final, quién está en el poder repite los mismo vicios de otros con un único propósito, el de mantenerse en el poder. Sin embargo, y como posiblemente lo representó Chávez en su momento, una luz de esperanza, el pasado 23 de enero, un joven llamado Juan Guaido se autoproclamó presidente interino de Venezuela, cumpliendo según él, lo establecido en la constitución política de ese país.

Desde aquel día no he parado de pensar en el pueblo Venezolano, y cada que tengo la oportunidad, trato de mantenerme actualizado en la situación de nuestro hermano país, y aunque como sucede en estas situaciones, cientos de expertos dan sus opiniones, ya sean positivas o negativas, en cuanto al cómo concluirá esta inédita confrontación geopolítica, lo cierto es que, de nuevo la gente en Venezuela se encuentra atrapada en el medio de dos fuerzas súper poderosas, las que al parecer, están dispuestas a hacer lo que sea necesario para proclamarse como los triunfadores de una gesta que hasta ahora comienza.

Estos últimos años han sido de gran suplicio para el pueblo venezolano, en mi recorrido por la vida, he tenido la oportunidad de conocer a algunos venezolanos, y todos ellos y ellas, han sido gente maravillosa, alegre, inteligente, y colaboradora. Muchos de ellos han debido abandonar su país, incluso perdiéndolo o dejándolo todo, ya sea porque no pudieron sacar nada, o porque simplemente ya nada valía nada. Muchos de ellos pese a sus conocimientos y experiencia, ven en cualquier empleo la oportunidad de sobrevivir y de poder ayudar a aquellos que se han quedado en casa. Para mí, lo más conmovedor es ver sus rostros esa mirada que añora su tierra, que extraña a su gente, y que desea volver, pero como ellos dicen:

“Por ahora, no sé cuándo pueda volver a ver a mi gente, no sé cuándo pueda volver a Venezuela”.

Largo y triste ha sido el camino recorrido por Venezuela en los últimos veinte años, camino que para muchos ha traído la oportunidad en cualquier lugar del mundo de un trabajo, de un pan, de una comida, de un techo, o de una cama, pero para otros, ese camino fue uno sin retorno, uno que los separó para siempre de sus seres queridos, los cuales estarán allá, en Venezuela, recordando que un día, ellos salieron de sus hogares, dejando atrás a madres, a padres, a abuelas, a hermanos, e hijos, con la ilusoria esperanza de encontrar la forma de poder solventar la triste necesidad del hambre o la enfermedad.

Como un firme creyente de la energía universal, y la energía de amor que nos acompaña siempre, y con la plena confianza de que esa energía suprema escucha nuestras oraciones, desearía que en este momento, por un segundo, por diez segundos, por medio minuto, por un minuto, por el tiempo que sea necesario, nos uniéramos en una profunda y silenciosa plegaria por el hermano pueblo de Venezuela. Que Dios provea sabiduría en medio de tanta irracionalidad, brinde luz en medio de esta oscuridad, socorre sosiego en medio de este dolor, abra las puertas de la paz, y proteja al pueblo venezolano de cualquier situación que pueda poner en riesgo sus vidas. Que Dios proteja, bendiga, y ayude a la hermana república de Venezuela.