¿Depresión? Que Nadie Se Entere.

Depresion y Ansiedad

 

Quizás las enfermedades mentales son más comunes de lo que nos me imaginamos.  Adicionalmente, en muchos lugares existe un estigma social negativo en cuanto a este tipo de diagnóstico.  Para muchos es mejor callar la verdad, permitiendo que la enfermedad desencadene en problemas mas profundos y graves.

Te invito a leer mi nuevo blog, “¿Depresión? Que nadie se entere”.

Y Como siempre, gracias por leerme.

Estoy de Cumpleaños

Feliz cumpleaños yon Jimenez

Hace un par de meses, teniendo presente que cumpliría 45 años, en mi cabeza no paraba de rodar la idea del cómo debería festejar esa fecha tan importante en mi vida. Me decía a mí mismo que debería organizar una gran reunión e invitar a mucha gente, o tal vez, realizar un viaje a algún lugar en este mundo al cual siempre hubiera querido ir, o quizás, comprarme aquello que siempre había querido, en fin, muchas ideas pasaban, pero ninguna se concretaba. En algún momento, hasta llegué a pensar en tomarme una de esas fotos de estudio, la que, con la ayuda de todas las herramientas tecnológicas, mejor conocidas como el Photoshop, me harían ver más joven y delgado, pero mi raciocinio me dijo: “Esa fotografía solo alimentaria a un pobre ego desorientado que está en la búsqueda desesperada de reconocimiento y admiración”. Entonces, recapacité y me dije: Ya hay mucho ego por ahí suelto haciendo lo mismo”. Así que seguía sin saber el cómo celebrar mi cumpleaños.

Pasaron algunas semanas, y antes de que llegara la tan anhelada fecha, y aun con mi mente tratando de organizar algo sensacional, en el grupo de mi familia que tenemos en WhatsApp, de repente, llegó una foto de la celebración del cumpleaños número cincuenta de mi papá.  Con la magia que tiene las fotos viejas, por un momento de mi vida, retrocedí treinta años y recordé lo que ya ni siquiera recordaba, el suéter de lana azul que tanto le gustaba a mi padre, su sonrisa, el ponqué sobre la mesa decorado por mi mamá, la lámpara que colgaba sobre el comedor, el cuadro de la última cena que era una herencia de mi abuela, y del que no tengo idea qué habrá pasado con él, las sillas, y unos pequeños cuadros que colgaban sobre la pared.  Por un momento, quizás por algunos segundos, me quede quieto, en blanco, inmerso en el pasado, y lloré.

No comprendo muy bien por qué lloré, sé que no fue por tristeza, pero tampoco lo fue por felicidad.  Posiblemente, la única explicación lógica que he logrado encontrar es que mi corazón viajo treinta años en el pasado, y como si el tiempo se hubiera esfumado, añoré todo lo que significaba aquella fotografía.    Recordé mi casa, el jardín exterior, el olor a pinos, la sala, la cocina, mi cuarto, la decoración con los posters de la época que tenía y que no le gustaban a mi mamá, mi pequeña cama, pero en especial, en especial, lo extrañé a él, a mi padre.

Me quedé pensando por un momento en él, tratando de recapitular aquellos años, recordando lo difícil que pudo ser en algunos momentos nuestra relación durante mi adolescencia, lo complicado que era para mi entender su insistencia en que debía estudiar, lo incómodo que me parecían sus palabras cuando me cuestionaba mi pereza juvenil, y mi reiterativa intención de nunca parecerme a él, negándome a mí mismo lo que era obvio, éramos iguales, tan parecidos que hasta teníamos el mismo modo de caminar y el mismo ímpetu acelerado por hacerlo todo a nuestro modo.

Me dije: “Tuvieron que pasar treinta años para aceptar que él tenía la razón en muchas cosas” y sonreí, sintiendo que en algún lugar, allá arriba, él estaría riéndose de mí, diciéndome con su voz fuerte: “Pero como lo que le decía el papá eran mentiras”. Y sin palabras, sin pensamientos, solo con el corazón, en uno de los momentos más íntimos de mis últimos años, le agradecí todo lo que hizo por mí, le dije que lo amaba, que lo había amado, le pedí que me perdonara, y también, lo perdoné, sentí que necesitaba hacerlo.  Percibí que mi alma se reconciliaba plenamente con la suya, y entendí que ese era el mejor regalo de cumpleaños que yo podría recibir, la mejor celebración y que en ese momento no hacía falta nada, nada más.

Al final, y sin querer añadir más a lo que realmente quería decir, creo que he tenido una de las celebraciones de cumpleaños más bonitas que recuerdo haber vivido, hubo ponqué, vino, comida, llamadas, tarjetas, y lo más importante, también estuvo él, mi padre.

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Una plegaria por Venezuela

la situacion de Venezuela

Hace veinte años, cuando ya era un joven adulto con entendimiento suficiente de todo lo que ocurría a mí alrededor, con sorpresa para mí, y como lo fue también para muchos, observa admirado que un hombre, un militar sin retumbantes abolengos familiares, un candidato sin el apoyo de los partidos políticos tradicionales, pero quien con su voz potente y clara, repetía una y otra vez, su discurso elocuente en el que prometía trabajar en favor de aquellos que sufrían del abandono y el olvido de las oligarquías políticas de siempre, aquel hombre llamado Hugo Chávez Frías, era electo presidente de Venezuela.

Para nuestros países latinoamericanos marcados por la misma historia política, familias con grandes poderes que, acumulando riquezas, han heredado el poder de los estados de generación en generación, la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, no podría ser resaltada sino como una gran esperanza. Debo ser honesto y aceptar la admiración que en mí generó el masivo respaldo que el pueblo le había dado a Chávez, y quizás animado, pensaba que por fin una de nuestras naciones había despertado de ese triste, pero eterno letargo de conformismo social al que nos hemos acostumbrado, porque aunque parezca mentira, los seres humanos terminamos acostumbrándonos a todo, incluso al hambre y a la pobreza.

El tiempo pasó, y hoy, dos décadas después, no hace falta mencionar lo que todos conocemos muy bien, el legado y el resultado de aquella gran oportunidad política que la vida nos dio, tan sólo representó un cambio de vertiente política y de actores, ya que al final, quién está en el poder repite los mismo vicios de otros con un único propósito, el de mantenerse en el poder. Sin embargo, y como posiblemente lo representó Chávez en su momento, una luz de esperanza, el pasado 23 de enero, un joven llamado Juan Guaido se autoproclamó presidente interino de Venezuela, cumpliendo según él, lo establecido en la constitución política de ese país.

Desde aquel día no he parado de pensar en el pueblo Venezolano, y cada que tengo la oportunidad, trato de mantenerme actualizado en la situación de nuestro hermano país, y aunque como sucede en estas situaciones, cientos de expertos dan sus opiniones, ya sean positivas o negativas, en cuanto al cómo concluirá esta inédita confrontación geopolítica, lo cierto es que, de nuevo la gente en Venezuela se encuentra atrapada en el medio de dos fuerzas súper poderosas, las que al parecer, están dispuestas a hacer lo que sea necesario para proclamarse como los triunfadores de una gesta que hasta ahora comienza.

Estos últimos años han sido de gran suplicio para el pueblo venezolano, en mi recorrido por la vida, he tenido la oportunidad de conocer a algunos venezolanos, y todos ellos y ellas, han sido gente maravillosa, alegre, inteligente, y colaboradora. Muchos de ellos han debido abandonar su país, incluso perdiéndolo o dejándolo todo, ya sea porque no pudieron sacar nada, o porque simplemente ya nada valía nada. Muchos de ellos pese a sus conocimientos y experiencia, ven en cualquier empleo la oportunidad de sobrevivir y de poder ayudar a aquellos que se han quedado en casa. Para mí, lo más conmovedor es ver sus rostros esa mirada que añora su tierra, que extraña a su gente, y que desea volver, pero como ellos dicen:

“Por ahora, no sé cuándo pueda volver a ver a mi gente, no sé cuándo pueda volver a Venezuela”.

Largo y triste ha sido el camino recorrido por Venezuela en los últimos veinte años, camino que para muchos ha traído la oportunidad en cualquier lugar del mundo de un trabajo, de un pan, de una comida, de un techo, o de una cama, pero para otros, ese camino fue uno sin retorno, uno que los separó para siempre de sus seres queridos, los cuales estarán allá, en Venezuela, recordando que un día, ellos salieron de sus hogares, dejando atrás a madres, a padres, a abuelas, a hermanos, e hijos, con la ilusoria esperanza de encontrar la forma de poder solventar la triste necesidad del hambre o la enfermedad.

Como un firme creyente de la energía universal, y la energía de amor que nos acompaña siempre, y con la plena confianza de que esa energía suprema escucha nuestras oraciones, desearía que en este momento, por un segundo, por diez segundos, por medio minuto, por un minuto, por el tiempo que sea necesario, nos uniéramos en una profunda y silenciosa plegaria por el hermano pueblo de Venezuela. Que Dios provea sabiduría en medio de tanta irracionalidad, brinde luz en medio de esta oscuridad, socorre sosiego en medio de este dolor, abra las puertas de la paz, y proteja al pueblo venezolano de cualquier situación que pueda poner en riesgo sus vidas. Que Dios proteja, bendiga, y ayude a la hermana república de Venezuela.

¿En dónde habrá quedado nuestra compasión?

porque nuestra falta de compasión

Recuerdo que hace algunos años, cualquier suceso trágico y doloroso nos unía como nación, y, así mismo, nuestras voces rechazaban unánimemente las despiadadas acciones de aquellos que pretendían perturba nuestra paz y nuestras vidas con actos violentos de cualquier índole. De igual forma, recuerdo que la muerte violenta de cualquier compatriota nos dolía, nos afectaba, y dejaba esa mancha oscura de dolor que queda después de ver partir a inocentes que no merecían ese irracional final de sus vidas. Y, también, recuerdo que nuestras oraciones eran elevadas con el propósito de brindarle un cálido alivio al inmenso y profundo dolor de aquellos, a quienes, de forma inesperada y trágica, perdían a sus seres queridos.  Eso recuerdo de mi amada Colombia.

Los tiempos han cambiado, nuestro país ha cambiado, y quizás nosotros como ciudadanos hemos cambiado igualmente. Y me pregunto el porqué de nuestra lúgubre transformación como sociedad, y una y otra vez, viene la misma respuesta a mi mente, es por culpa de la muerte. Y no me refiero la muerte física de aquel que parte de este mundo, no, me refiero a la muerte crónica y prolongada de nuestros sentimientos de compasión, y a la falta de piedad por el dolor que vive aquel a quien le han arrebatado la oportunidad de volver a abrazar a quien ama.

Y es que esa falta de compasión y de piedad, no nos deja ver que en hechos como el recientemente ocurrido en la escuela de Policía General Santander, en la ciudad de Bogotá, como las muertes de cientos de líderes sociales, como las partidas dolorosas de niños y  niñas, y como las muertes trágicas y violentas de cientos de mujeres, por mencionar tan solo algunos casos, es nuestra sociedad la que pierde, y que, una muerte violenta sin el rechazo unánime de todos nosotros, tan solo se convertirá en una penosa y adversa estadística más.  

No he dejado de preguntarme el por qué algunos expresan que un acto inhumano e irracional puede beneficiar a una persona en concreto o a un colectivo.  Y no cabe en mi mente, el pensar que la muerte trágica de uno de nosotros sea más o menos importante que la funesta partida de otro compatriota. Pareciera difícil el pensar que alguien pueda sugerir algo así, pero lo cierto, es que las redes sociales han sido inundadas por cientos de desacertados comentarios, en los cuales, queda muy claro que incluso la penosa tragedia de aquellos a quienes la muerte violenta de sus seres amados les dejará una amarga y profunda mancha de dolor que nunca se borrará en sus vidas, no es lo suficientemente trágica para al menos, al menos, generar algo de compasión y unidad nacional.

Y de nuevo me cuestiono ¿Cuál sería el origen que provocó en nosotros la pérdida de nuestra compasión por el otro? Algunos dirán que nos acostumbramos las noticias violentas que vemos cada día en los noticieros.  Otros podrán expresar que es la falta de una educación orientada en los valores humanos. Otros tantos culparán al nocivo exceso de violencia que ronda en las redes sociales.  Y quizás muchos alegarán que nos hemos perdido en una división irreversible que ha sido animada por falsas ideológicas políticas, las que, sin lugar a duda, se venderán al mejor postor con el fin de perpetuarse en el poder.

Al final, más que mi mente, me lo dice mi corazón, el fruto de nuestra división e inmunidad al dolor ajeno puede ser un producto de todo lo anterior y mucho más, sin embargo, lo cierto es que, en esa pérdida acelerada de nuestro sentido de humanidad y compasión por el otro, no hay, y nunca habrá, un triunfador o un beneficiado, sino que, será Colombia, toda Colombia, la que perderá.

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Para Todos Nosotros, Feliz Año 2019

Feliz año nuevo

Cuando un año termina, como está próximo a hacerlo el 2018, y veo hacia atrás, me da la impresión de que este ha sido uno de esos años en los que viví trescientos sesenta y cinco días sin que nada extraordinario hubiera sucedido, y no puedo evitar el sorprenderme al ver que de muchos de los días que ya se fueron, yo simplemente no recuerdo nada de lo sucedido, y no sé si esa sea una facultad privilegiada de no querer vivir en el pasado como lo venden muchos de los llamados motivadores personales de estos tiempos, o simplemente, sea una lánguida negación al infortunio personal por no haber logrado muchas de las metas que me había propuesto, justamente, doce meses atrás.

Tratando de apartarme, tanto como pueda, de ese lado oscuro que siempre está presente en nuestras mentes y corazones, el cual, como las llamas de un incendio forestal se avivan gracias a los fuertes vientos que traen la tristeza y la desesperanza, busco animarme a mí mismo pensando que en los tiempos actuales resulta muy fácil verse agobiado con las historias efímeras de otros que alardean de sus éxitos, viajes, cenas y celebraciones, entre otras cosas más, y es que con tanto ego suelto rondando por ahí, es muy fácil caer en la penosa sensación de pensar que nuestra vida no es más que una historia aburrida y estancada de mera supervivencia.

Sin embargo, y tratando de aferrarme a lo más difícil, a la esperanza, a la fe, a mis sueños, y a lo mejor de mi mismo, debo reconocer que no he tenido trescientos sesenta y cinco días de simple existencia, no, al contrario, he tenido un año pleno de luchas y aventuras, y que como cualquier otro gladiador que libra la batalla más importante de su vida, la de ser feliz, reconozco que algunas luchas han sido perdidas, que otras han sido ganadas, y que otro tanto, como un guerrero del medioevo, aún me mantengo en el campo de batalla con mi espada empuñada gracias a las fuerzas que la vida me regala cada día. Fuerzas que provienen desde la energía más pura del universo y que se materializan en mi vida gracias al amor, a mi familia, a mis amigos.

En ocasiones ver hacia atrás y quedarnos en los recuerdos y el dolor que deja el camino recorrido resulta más fácil que disfrutar el presente, y lamentarnos por lo hecho o por lo que no se hizo, es mucho más sencillo que analizar la lección aprendida, y que, determinar el que debemos hacer para lograr eso que tanto hemos deseado y anhelado.

Gracias al 2018 por todo lo que nos dejó, y que este 2019 nos traiga a todos, salud, amor, sabiduría buena energía, crecimiento personal, y, ante todo, la luz que nuestros corazones necesitan cada día para continuar este largo, pero hermoso camino llamado, vida.

Y Para Ti ¿Qué Significa la Navidad?

Para ti que significa la navidad. Feliz Navidad, Navidad Feliz. Navidad en Familia

La Navidad es una época especial para muchas culturas y países, y de seguro que para cada uno de nosotros la Navidad también tiene su significado.  En este blog quiero compartirte el significado que esta hermosa época del año tiene para mí.

Te invito a leer mi nuevo blog, Y Para Ti ¿Qué Significa la Navidad?

Y Tú, ¿Ya Encontraste el Trabajo Perfecto?

 

estres laboral. Cómo encontrar el trabajo perfecto. Estrés en el trabajo

Los falsos parámetros que han sido impuestos para determinar de forma superficial el éxito de los seres humanos en sus vidas y carreras profesionales han sobrepuesto a el dinero y a el reconocimiento sobre la vida misma.   En la carrera afanada por alcanzar fama y renombre en nuestros trabajos, muchas veces olvidamos las responsabilidades que tenemos con nosotros mismos y con aquellos que en realidad nos aman.

Te invito a leer mi nuevo blog, Y Tú, ¿Ya Encontraste el Trabajo Perfecto?”.

Ocho Cosas Que Deberían Ser Consideradas Si Se Desea Emigrar a Australia (Parte 2)

como emigrar a Australia

Si dentro de tus planes de vida has considerado el vivir en un país diferente al tuyo, y ese podría ser Australia, entonces mi nuevo blog te interesará.

Te invito a leer la segunda parte de “Ocho Cosas Que Deberían Ser Consideradas Si Se Desea Emigrar a Australia”.

Nuevamente gracias por leerme.